La vida actual impone a todos los seres humanos un ritmo frenético que les impide disfrutar, como sucedía décadas atrás, de una buena comida hecha en casa. Por lo que, hombres y mujeres se ven obligados a consumir platos llenos de frituras y grasas en locales de Fast food. Y esto se traduce en múltiples problemas de salud.
Es lógico, entonces, que los médicos estén sugiriendo, cada vez con mayor intensidad y premura, la necesidad de regresar a lo clásico, la comida casera que impide la aparición de enfermedades terribles como obesidad, colesterol y diabetes.

Los motivos para elegir la comida hecha en casa son muchísimos:

Es mejor: los negocios de comida rápida tienen un objetivo simple y claro: ganar mucho dinero en poco tiempo, lo que se traduce en platos de cocción rápida que requieren pocos ingredientes pero insumen cantidades peligrosas de grasa como milanesas, hamburguesas y papas fritas; las comidas caseras, por su parte, nos dan la posibilidad de realizar menús más cuidados, que cuenten con la proporción exacta de verduras, cereales, carnes blancas y rojas y legumbres. Un detalle que marca una INMENSA diferencia.

Reduce drásticamente el consumo de aceite: aunque nunca lo reconozcan públicamente, los negocios de fast-food reciclan el aceite que usan y esto se traduce en graves problemas digestivos para los consumidores quienes someten a su organismo a un daño terrible; la comida casera apenas requiere aceite y, en muchos casos, permite aplicar métodos alternativos como el vapor.

Ofrece una dieta sana: para atraer clientes, muchos locales cuentan, en su menú, con platos realmente excesivos que pueden parecer atractivos a la vista pero son fatales para lograr una alimentación sana (comer un bife inmenso que ocupa todo el plato representa un grave problema que con el tiempo se traducirá en obesidad); la cocina casera, al trabajar con cantidades razonables y establecer un control lógico de los ingredientes usados, evita caer en esa clase de excesos.

Permite trabajar con ingredientes más frescos, ricos y naturales: para aumentar sus beneficios y disminuir los costos, los locales comerciales suelen elegir los productos más económicos mientras que la comida hecha en casa nos permite escoger alimentos más sanos, lo que se traduce en una dieta rica en elementos fundamentales para el organismo como fibras y proteínas.

Significa un gran ahorro para la economía natural: al trabajar solo con las cantidades esenciales de cada plato, la cocina casera permite reducir los gastos diarios, lo que se traduce en beneficios económicos importantes al final de cada mes.

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